Nos ponemos en marcha desde bien temprano y salimos a pie desde el mismo pueblo de Kalaw. Yi, nuestro guía, es un hombre de unos cuarenta años, risueño y extrovertido, no deja de contarnos curiosidades e historias birmanas a medida que avanzamos por los caminos. Nos señala una enorme araña que cuelga de unos matorrales y nos explica que hay gente que las come fritas, él como budista no entiende que puedan arrojar al pobre animal a la sartén con aceite hirviendo, es una crueldad innecesaria añade. En una parte del estado de Shan comen perro excepto en verano porque sube tu temperatura corporal, él tampoco la ha probado.
También nos explican algunos remedios locales: unas bayas que
queman para usar la ceniza como dentífrico natural, una planta cuya hoja emplean al restregarla como antiséptico en heridas, eucaliptus para hacer bálsamos, una planta llamada “german bush” que ayuda en la cura de la hepatits B y C y el cancer de hígado. Otras no son tan beneficiosas, nos narra una historia en la que dos amigos se convirtieron en rivales al enamorarse de la misma mujer, la chica eligió al amigo y él lleno de celos lo encerró en una habitación con velas y una planta de dama de noche, el embriagador perfume de las flores y la falta de oxígeno le indujeron a una dulce pero trágica muerte.
Su pueblo respeta mucho la naturaleza y también la venera. Creen que en ella viven unos “nats” (espíritus) que guardan los bosques y saben exactamente en qué lugares se encuentran. Durante la caminata nos pide que no orinemos en esa zona porque vive un nat y es una falta de respeto, nos vuelve avisar cuando salimos de la zona, ahora sí se puede, nos dice. Vemos una serpiente muerta en el camino, se trata de una especie conocida como “prince of snakes”, venenosa y poco frecuente en la zona.

Vemos una serpiente muerta en el camino, se trata de una especie conocida como "prince of snakes", venenosa y poco frecuente en la zona
Hacemos una parada para comer en el pueblo Hin Ka Ko, de la tribu Palaung. Salen a nuestro encuentro las mujeres del pueblo, llevan a sus hijos a la espalda cubiertos con bonitas telas, ellas nos miran extrañadas a nosotros y nosotros a ellas pero todos sonreimos. El guía nos cuenta una leyenda sobre unos seres preciosos voladores que visitaban a la tribu durante el día pero que al caer el sol se volvían a marchar. Un hombre se enamoró de uno de los pájaros y pidió al alquimista que le ayudara a conservarlo y que se quedara siempre junto a él, para ello éste le hizo una anilla mágica y el hombre pudo lograr su sueño. Como recuerdo de aquella anilla, las mujeres casadas lucen un aro rígido alrededor de la cintura como símbolo de fidelidad desde el día de su boda y llevan un turbante de más de un metro de largo. Las solteras llevan gorros de colores para llamar la atención.
Los paisajes son fascinantes, arrozales verdes y amarillos, hermosos campos de té, densos bosques y coloridos campos de sésamo donde resaltan sus flores amarillas. Pasamos por un pueblo donde visitamos una escuelita, con 5 clases distintas en la misma aula. En el medio rural, los profes y los monjes están muy bien considerados, si hay conflicto les llaman para que junto con el jefe del poblado decidan una solución. Andamos por la vía del tren y llegamos a la estación, el tren acaba de llegar y la gente aparece con sus productos montando un mercado en el andén. Como hay muchos militares en el tren, es mejor no sacar fotos. Vemos como unas campesinas plantan ajos sobre los campos de arroz donde ya se ha recogido la cosecha.
Llegamos a Taung La donde está la tribu Tanu y dormiremos allí. Aunque estamos en estación seca, empieza a llover. Se celebra
una boda mañana, por ello han instalado varias carpas, la música suena a todas horas y los hombres preparan la comida del convite. Cocinan en un horno de barro excavado en el suelo con fuego debajo y unas cestitas de mimbre arriba donde hacen arroz al vapor. En la casa donde nos alojamos nos sirven una deliciosa cena a base de sopa de calabaza, un estofado de pollo y patata al curry, verduras salteadas, ensalada de nabo y dulce de azúcar de palmera. Dormimos con esterillas y mantas en el suelo, el cielo está despejado, las estrellas brillan intensamente, se ven como nunca.






































