Hoy optamos por alquilar unas bicis para visitar más templos y disfrutar del camino a golpe de pedal. Unos niños a los que hemos preguntado por el camino, han acabado acompañándonos y hemos pasado con ellos el día. No parecían tener nada mejor que hacer, es su semana de vacaciones del colegio y supongo que les gusta poder hablar con alguien el inglés que aprenden en el cole.
Y de nuevo más templos y más Budas, después de haber visto diez te parecen todos iguales con alguna pequeña diferencia, vamos, que te saturas. Si necesitas un descanso de tanta visita, en la puerta de los principales templos puedes entretenerte en las muchas tiendas de souvenirs que hay o contemplar como pintan los numerosos artistas que tratan de vender sus creaciones. Hay cuadros de acuarela, otros de carboncillo pero los que más abundan son los que usan diferentes tipos de arena, todas las obras son preciosas y a muy buen precio.
Como en todos los sitios turísticos, las astutas vendedoras saben la biblia en
verso para venderte, dominan las palabras básicas de cualquier idioma para camelarte, ganarse tu simpatía y que les compres. Campanitas budistas con ese dulce sonido al viento, eleganes cajitas de bambú y esmalte típicas de Bagan, collares, estatuas, antigüedades,… para todos los gustos y bolsillos. Lo que me sorprendió fue que estuvieran tan interesadas por intercambiar cosas contigo por sus productos ”Qué tienes para cambiar?” te preguntan, “Perfumes, reloj, ropa, maquillaje?” insisten. Les vuelven locas los pintalabios por ejemplo. Relojes y ropa pueden encontrar en algunas tiendas del país pero por lo visto la calidad es pésima, proceden de China y es de la gama más baja, la que se rompe casi al salir de la tienda, lo que los chinos no consiguen vender en el resto del mundo llega aquí.

